3 CUOTAS SIN INTERES - ENVIO GRATIS EN COMPRAS DE $150.000 - 10% DESCUENTO POR TRANSFERENCIA
El duelo silencioso: Mis 5 embarazos, el cáncer y cómo volví a habitar mi cuerpo

Hay dolores de los que no se habla.

Dolores que se viven a puertas cerradas, en la soledad de un baño o en el silencio de una sala de espera.

Hoy quiero hablarte desde el lugar más vulnerable de mi historia, porque sé que del otro lado de la pantalla hay mujeres sintiendo que su cuerpo les falló.

Yo perdí 5 embarazos. El primero fue de tres meses. Pasaron los años, mi marido se enfermo, quede viuda (tema para otro momento), y esa emocion quedo ahi..

Con el tiempo, arme una pareja, que no tenia hijos, y decidimos buscar uno...

Tuve cuatro embarazos mas

Los otros cuatro, los perdi, fueron más chiquitos en tiempo de gestación, pero te aseguro algo: no por eso fueron menos hijos.

Cuando perdés un embarazo, no importa de cuántas semanas sea; vos ya conocías a ese bebé en tu alma. Y cuando se va, la sensación es indescriptible.

Te sentís horrible.

Hay momentos donde, literalmente, preferís morir. Te invade una culpa que te come por dentro, porque sentís que vos fallaste.

Que tu cuerpo, ese que fue diseñado para crear y sostener la vida, no es capaz de hacerlo.

Sentís que tu bebé se murió por tu culpa.

 

En medio de esa oscuridad, la gente que te quiere intenta levantarte el ánimo. Y ahí es cuando aparecen esas frases prearmadas que, aunque dichas con buena intención, te arruinan un poco más la existencia.

"Quedate tranquila""Dios sabe por qué lo hace""Ahora está con diosito""Lo que sucede conviene".

No. No conviene. Y si "Dios sabe por qué", entonces sentís que hasta Dios está en tu contra.

¿Qué %#&% significa que "es mejor así"?

Esas frases no te consuelan, te aíslan. Te hacen sentir que tu dolor incomoda y que tenés que tragar tus lágrimas para que el resto no se angustie.

 

A mi dolor emocional se le sumó el trauma físico. Mi cuerpo, en su infinita negación o confusión, no despedía a mis bebés cuando sus corazoncitos dejaban de latir.

Tuve que pasar por el proceso de tomar pastillas para provocar "despedirlos". Es una situación espantosa, de un dolor físico y emocional desgarrador que no le deseo a nadie, nunca. Y cuando eso no fue suficiente, pasé por el quirófano para que me hicieran raspajes.

Llegué a un punto de quiebre.

Mi cuerpo estaba agotado, mi alma vacía, y tomé una decisión: no queria intentar más. 

Habia pasado por infinidad de estudios, analisis, pastillas, médicos, especialistas, idas y vueltas

Y fue justo ahí, cuando bajé los brazos con la maternidad, que mi cuerpo dio su último grito de auxilio. Me encontraron un cáncer de mama. Y, oh casualidad, no era uno solo: tenía exactamente 4 focos de cáncer.

El mensaje era ensordecedor.

Mis cuatro duelos no llorados, mis pérdidas, mi energía estancada... todo se había materializado en mi pecho, el centro del amor y la nutrición.

"Sanar Yo": El inicio de SentiInfinito

Ese diagnóstico fue mi fondo y mi renacer. Entendí que había pasado años intentando dar vida hacia afuera, mientras yo me estaba muriendo por dentro. Mi decisión fue radical: Iba a sanar yo.

No me iba a abandonar más.

Para sanar esas pérdidas (las físicas y las del alma), tuve que hacer un trabajo profundo. Escribí cartas, hice rituales de despedida para devolverle a la tierra lo que era de ella. Preparé y limpié mi útero energéticamente.

Me apoyé en las herramientas que hoy son el corazón de lo que hago: la Aromaterapia para sostener mis emociones rotas, la Medicina China para volver a hacer circular mi Qi (energía vital) estancado, y los oligoelementos para nutrir mi biología desde lo más micro.

Pero, por sobre todas las cosas, hice algo que había dejado de hacer por el dolor: Me habité.

Decidí sentir.

Sentir la bronca,

 

 

 

Sentir el duelo,

Sentir el vacío, y finalmente,

Sentir la paz.

 

Tu cuerpo no es tu enemigo

Si estás leyendo esto y pasaste por una pérdida, por un diagnóstico difícil o sentís que tu cuerpo te traicionó, quiero decirte lo que a mí nadie me dijo:

No es tu culpa. Tu cuerpo hizo lo que pudo con las herramientas que tenía.

Hoy, desde SentiInfinito, mi misión no es venderte un frasco con rico olor. Mi misión es entregarte las mismas herramientas botánicas y energéticas que a mí me ayudaron a volver a casa, a mi propio cuerpo.

La vida puede ser devastadora, pero la naturaleza tiene una fuerza de regeneración infinita.

Y nosotras, también.

 

Te abrazo, Nat